Relato Erótico: Directa al dulce infierno

Relato Erótico Finalista Concurso de Relatos 2020

Autor/a: Anónimo

 
 
Era 26 de junio, decidí ir de nuevo al gimnasio, el famoso gym al que fui el verano pasado con
Juan y Pablo para distraerme y pasar un rato con ellos. Le mandé un mensaje al dueño del
gimnasio, Hugo; quería avisarle que pronto iría, el hombre me caía bastante bien y parecía que
yo a él, también. Desde aquel mensaje que le escribí, Hugo me preguntaba a menudo que qué
días iría al gym; una noche de verano, comenzó a descolocarme un poco al decirme que “me
preparase, que me preparase para todo”; yo, obviamente, le seguía el juego, no veía doble
intención, y le dije que estaba preparada para todo. Me lo quise tomar a risa, a cachondeo,
tampoco le di mucha importancia.
Al día siguiente allí estaba, en el gym, me metí en la clase de spinning impartida por Hugo;
durante la clase lo miraba, y notaba su respiración fuerte, también me notaba la mía. Veía como
le caía el sudor por los brazos, hacía mucho calor y por mi cabeza empezaban a vagar
indecentes pensamientos con Hugo; miraba sus piernas, cómo movía los pedales muy fuerte,
demasiado fuerte, y sus brazos… tonificados y con las venas saltadas…
«
¿Lo hará así, con esa
fuerza?
»
«
¡Por favor, Celeste!
»
pensaba al segundo, cambiaba rápido de pensamiento, no
quería pensar esas cosas; mi mente se encontraba en bipolaridad, no podía dejar de pensar
eróticamente con Hugo, pero sabía que no estaba nada bien, era un hombre casado… casado y
con hijos. Al terminar la clase de spinning me esperé de manera remolona a que todos los demás
se fueran para poder hablar a solas con él cualquier tontería, cualquier cosa, pero quería hablar
con él. Hugo, con media sonrisa y ese desparpajo que tanto derrochaba, me felicitó:
Lo has hecho muy bien, eres una campeona- dijo acercándose a mí.
Gracias, sí, bueno… – reí de manera nerviosa.
Si quieres nos damos una sauna.
Entonces, en ese instante, por mi cuerpo empezó a recorrerme una caliente sensación incómoda
y, nerviosa, pensé que mis oídos me traicionaron y había escuchado algo creado por mi mente,
no sabía cómo actuar ni qué contestar porque no esperaba esta pregunta.
¿Cómo? Jajajaj… ¿Pero… aquí hay sauna? – fue lo único que se me ocurrió decir en ese
momento.
Claro, si quieres nos vamos un rato a la sauna, ¿Quieres? – a él no se le borraba la
traviesa sonrisa que tenía en la cara, y tampoco se le veía tener vergüenza ni miedo a mi
respuesta.
Pues… no sé, es que… bueno, no sé si… seguiré haciendo deporte… o irme ya a mi
casa… – no sabía con claridad qué estaba pasando ni qué contestar.
Bueno, ya como tú veas, te lo piensas y me dices, ¿vale?
Sí, vale… – me fui un poco aturdida hacia el vestuario.
«
¡¿Pero qué mierda ha pasado?!
»
Entré al vestuario de chicas y estuve un rato sentada, procesando todas aquellas palabras
atrevidas que habían salido de la boca de Hugo. No me lo podía creer, aquel hombre que igual
me sacaba 20 años, estaba casado y tenía dos hijos… me estaba tonteando, claramente. No sabía
cómo tomármelo, tenía miedo y a la vez sorpresa, no sabía si se estaba riendo de mí o
simplemente era una broma. Decidí coger mi mochila y marcharme a mi casa.
Al salir, Hugo me vio:
¿Ya te vas?
Sí, estoy cansada… adiós – dije, intentando no aparentar nerviosismo y haciendo como
si nada hubiese pasado.
Al día siguiente estaba confundida y contrariada; por una parte, veía muy feo que Hugo me
hubiese tonteado de esa forma tan descarada, y más teniendo familia; pero por otra parte, me
ponía saber que le gustaba… fantaseaba con él. Ese mismo día me preguntó Hugo que cómo
estaba, si iría al gimnasio; de manera sutil intenté pedirle explicaciones de aquella propuesta
indecente del día anterior, entonces él me dijo que quería verme y decirme algo. En ese
momento volví a sentir nervios y le dije que me estaba asustando, entonces él me contestó que
mejor no me decía nada…
Hugo, ahora no me dejes con la duda, esta tarde nos vemos en el gimnasio.
Te estaré esperando, bombón – contestó.
Llegué al gimnasio y allí estaba, le saludé intentado no mostrar mis nervios y fui un momento al
vestuario… sentí que él controlaba en qué momento me podía pillar a solas; al salir del
vestuario, él venía por el pasillo hacia mí, entonces fue cuando, atrevida, le pregunté:
¿Y eso que me tenías que decir? -intentando mostrarme natural y sin nerviosismo.
Ven – Hugo abrió una puerta que teníamos enfrente con unas letras en las que se leía
“PRIVADO” – Entra.
Notaba cómo mis pulsaciones se comenzaban a acelerar, empezaba a tener sudor frío y estaba
temblando, entonces… no me lo pensé dos veces y entré.
En la foto de tu perfil estás muy bien, eh – dijo Hugo con esa sonrisa traviesa que me
pone muy nerviosa.
Bueno, no sé… jajaj, podría estar mejor, intento cuidarme, pero…me cuesta mucho
definir… – estaba tan nerviosa que solo decía tonterías.
Tienes un cuerpazo – me dijo en tono medio serio con una sonrisa pícara mientras me
cogía de la mano y me daba una vuelta sobre mí misma para que él me contemplase
entera. – …es que estás increíble.
Mira Hugo, yo… yo creo… lo siento que te lo diga pero me estás tonteando; porque las
cosas que me dices no son normales, vamos, que me estás tirando la caña… Encima no
sé cuántos años tendrás, pero podrías ser mi padre…y… tienes una mujer estupenda, y
unos hijos… Me da la impresión de que te estás riendo de mí.
¿Pero, por qué me voy a estar riendo de ti? – dijo con una expresión confusa y un tono
ofendido – Tengo 32 años, pero no, no quiero nada contigo, simplemente quería decirte
que estás muy bien, ¿Te molesta que te elogie? Que te haga cumplidos no significa que
quiera nada contigo – decía mientras se me acercaba sonriendo, contradiciendo sus
palabras con sus actos.
Hugo, por favor, no me mientas; mira… yo no sé si tú le ofreces a todas tus clientas que
se vayan contigo a la sauna, pero eso no es muy normal…
Se me iba acercando poco a poco, yo miré hacia abajo y vi cómo de empalmado estaba;
intentaba retirarlo de mí,
«
¡no está bien, nada bien Celeste!
»
, me abrazó y me pegó un pequeño
mordisco en el cuello.
Tienes mujer y dos hijos – intentaba mostrar compostura.
Sí… pero ¿y qué?
¿Cómo que y qué? Hugo, compórtate; esto no tiene sentido, tú sabes que te puedes
meter en un lio muy gordo, ¡¿Y tú mujer?!; piensa en ella.
Nos quedamos callados, me tranquilicé un poco y seguí hablando:
Las fantasías eróticas son eso, fantasías; son imaginarias, a veces sin sentido o incluso
perturbadoras, pero se quedan ahí, nada más. Sinceramente, yo tengo fantasías sexuales
contigo… a veces, porque bueno… eres más grande que yo, y eres guapo, no sé…
Yo también tengo fantasías sexuales contigo – dijo con una voz sensual, tímida y a la
vez, atrevida.
Su miembro parecía que iba a reventar el pantalón en cualquier momento; le pedí, con una
inevitable media sonrisa en la cara, que se desempalmara. Tenía miedo de que alguien nos
estuviese escuchando al otro lado de la puerta, solo quería salir de esa habitación.
Mira Hugo, que no, que no pienso hacer nada contigo, que tienes una mujer; hasta a mí
me da apuro sabiendo que estás casado.
Pero si nadie se va a enterar, ¿Tú se lo vas a contar a alguien?
No, no, a nadie… pero que no, Hugo.
Él miró si en ese momento estaba pasando alguien por el pasillo y salió, a continuación, salí yo
y me fui directa al vestuario; me senté, estaba tan aturdida por la situación que sentí un leve
mareo. Sentada en el vestuario, atormentada por mis pensamientos, vi de refilón cómo la puerta
del vestuario se abría, al alzar la vista vi que era él, él de nuevo.
¿Estás bien? – me pregunta un tanto asustado.
Sí… – y sonreí nerviosa.
Entonces veo cómo se va. Seguí manteniéndome allí, sentada, sin saber qué hacer; hasta que de
nuevo veo, como si de un fantasma se tratase, que está en frente mía; entra a toda prisa para
dentro del vestuario, ve que no hay ninguna mujer y llega hasta la sauna, después saca las llaves
y la abre.
Mira… – con su inagotable sonrisa maliciosa.
Miro adentro y él, en seguida, entra en la sauna.
Entra, ven.
A ver Hugo, que esto ya lo hemos hablado- digo mientras entro en la sauna yo también.
Siéntate – me dijo. Él estaba sentado en el escalón de la sauna, quería que me sentase
encima suya.
No, no me voy a sentar.
Siéntate, que no pasa nada – decía mientras me forcejeaba un poco para que me sentase
encima suya; yo, haciendo como que no quería, se lo ponía difícil; pero al final me vi
sentada encima suya con las piernas abiertas mirando hacia él.
Celeste, pero ¿por qué no quieres?
Vamos a ver Hugo, que no está bien esto, que estás casado y tienes dos hijos… no me
sentiría bien al hacerlo; no sé por qué tienes que fijarte en mí para hacer estas cosas…
Yo sé que te pongo mucho, pero no puede ser – bromeé.
Ufff, me pones muchísimo… – afirmó al instante.
En ese mismo momento, mi cuñado me llamó…
¿Celeste? ¿Cuánto te queda? Te estamos esperando, ¡sal ya del gimnasio! – me dijo mi
hermana Erika desde el móvil de su novio.
Le dije a Hugo que me tenía que ir; y, mientras yo hablaba por teléfono con mi hermana y le
decía que pronto saldría del gimnasio, Hugo empezó a besarme por el cuello y por los brazos,
me besaba de una forma tan ardiente que hizo que se me humedeciera el coño. Me levanté, me
quité de encima de las piernas de Hugo y le dije a Erika que ya iba para allá; mientras tanto,

Hugo me agarró por la espalda, me agarraba con deseo y me restregaba su pene empalmado por
mi culo… notaba cómo mi coño se calentaba, tenía ganas de que me la metiera mojada, sabía
que en ese momento hubiese entrado muy bien…
¡Hugo! Que no, que ya está todo hablado – dije nerviosa y me quité de encima sus
brazos que me cubrían.
Hugo me dio un beso rápido en los labios y los dos salimos apresurados de la sauna… Salí del
gimnasio, iba rápido por la calle, no sabía qué estaba haciendo…
Al día siguiente, le escribí a Hugo diciéndole que iría sobre las cinco de la tarde; cuando iba a
mitad de camino, me encuentro su coche; era él, me dijo que entrase y yo sin poner pegas entré.
¿Dónde vamos Hugo?
Ahora lo verás – decía sonriente.
Al bajarme del coche, vi que me llevó a una casa. Era de sus padres, estaba en venta.
Entra, mira, ¿Te gustaría comprarla? Jajaj.
Entramos, estaba temblando de los nervios; él se me arrimaba lentamente y me tocaba todo el
cuerpo, me encantaba ponérselo difícil y me apartaba. Subimos las escaleras, me quería enseñar
las habitaciones de la casa.
En ese momento, Hugo me echó en la cama y se tumbó encima mía – quiero comerte el coño,
Celeste – y se deslizó hacia abajo, le dio un beso tierno a mi vulva y le pegó unos mordiscos
suaves, me bajó los pantalones y el tanga impacientemente. Se pegó a mi coño y me lo abrió
para lamer suavemente el clítoris, poco a poco lo iba chupando más rápido… agarró con ansias
mis piernas y me pegó más a él, me mordió los labios y sus dedos llenos de saliva los metió
dentro de mí; sentía como empujaba su cara contra mi coño con fuerza; me dejaba llevar y se
me escapaba algún pequeño gemido. Sin esperármelo, me dio media vuelta poniéndome a
cuatro patas:
Eres una perra, mi perrita y te voy a castigar por haberte portado mal.
Aihs, Hugo… – dije entrecortada.
Me acarició el culo y seguidamente lo azotó muy fuerte, me azotaba y yo gemía de dolor y
placer.
Aaaih, siii Hugo – exclamé con los brazos medio echados en la cama.
Seguía azotándome y me giré para verlo, me sonreía… y me puso más cachonda. Se quitó
rápido los pantalones, así por fin pude verle la polla totalmente erecta y chorreando. Quería
chupársela, quería tenerla dentro de la boca y que me pegase con ella en la cara… pero Hugo
me agarró del culo y restregó de arriba a abajo su polla mojada por mi coño, para después
penetrarme fuertemente golpeando contra mi culo; la sentía dura y empapada, escuchaba mi
coño lubricado y su polla entrando y saliendo… de nuevo, temblaba. Me cogía de la cintura y
sus golpes de pelvis se iban acelerando, mis nalgas resistían al intenso empuje de su cuerpo, me
agarró del pelo y sentía la necesidad de que su pene me llegara hasta el cuello, lo quería más
adentro, más cerca.
Sii, Hugo, siii – no podía callarme.
Me volvió a azotar y mis gemidos reinaban en la habitación; apretaba las sábanas, sentía cómo
su sudor se mezclaba con el mío…
Después de aquel día, Hugo me echaba miradas en el gimnasio de complicidad – me he quedado
con más ganas de ti, quiero follarte otra vez, Celeste – me dijo por mensaje.
«
Pero qué bien me lo haces pasar… disfruto como una perra y la forma en la que me agarras,
me coges y me manejas me encanta. Tal vez para ti sea tu presa joven de carne fresca… por ese
motivo me manoseas y me sobas tan efusivamente, me pegas contra ti y no dejas hueco en mi
piel sin saliva tuya; y tengo, tristemente, que reconocer que me encanta y me pone muy
cachonda que me saques 22 años (porque tienes 42, no 32). Quiero sentir de nuevo tus manos en
mi cintura, tu cuerpo golpeando fuertemente contra el mío. No se me va de la mente el momento
en el que tus dedos entraron en mi coño mientras me lamías muy rápido el clítoris… lo hacías
con tantas ganas y ansias que incluso llegó a dolerme, pero fue imposible decir que parases…
me encantaba que estuvieras debajo de mí, entre mis piernas; y me encanta ser tuya por
momentos; desgraciadamente, no sé cómo saciar este hambre que siento hacia ti. Esto está mal
Hugo, muy mal; guardémonos el secreto, pero no lo volvamos a hacer…, sigamos con nuestras
vidas
»
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Kamasutra de 50 Sombras de Grey
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