Relato Erótico Ganador

Relato Erótico Ganador Concurso de Relatos 2020

Autor/a: M.P.G.

Deseo Incontrolable

Nuestro trabajo en la empresa es agotador, soy una simple secretaria, y él es el director ejecutivo. Está todo el día ocupado. No tenemos tiempo físico para vernos a lo largo del día, por ello dos días a la semana nos tomamos un descanso al mediodía en el bar de enfrente y comer juntos.

Por fin llegó el lunes, sabía que nos veríamos después de un duro día de trabajo. Mientras lo pensaba impaciente me sobresaltó el  sonido del teléfono. Era un mensaje suyo donde me escribió textualmente:

“Buenos días mi amor, espero que estés bien, te echo de menos.
Hoy no podré ir a comer contigo hay mucho trabajo atrasado , pero
he planeado algo especial para esta noche. Te llegará un paquete esta
tarde, póntelo y a las 21:00h te espero
en el portal. Hasta esta noche. Te quiero”

Cuando leí el mensaje me sentí confusa. Por un lado quería verle y estar con él porque hacía mucho que no lo veía más allá de los pasillos de la empresa y además, había estado fuera por un viaje de negocios. Pero por otro lado, me había  preparado una sorpresa y estaba realmente muy ilusionada. Tal era el nerviosismo que tenía que no pude concentrarme en el proyecto que estaba realizando durante el día. Esperaba con ansia que terminara la jornada laboral para irme a casa, recibir el paquete.

No se demoró demasiado y me dispuse a abrirlo cuando de repente observé que habían dos cajas, una más grande que la otra. En la caja grande había un vestido color verde esmeralda precioso y elegante, y en la caja pequeña pude apreciar otra aún más pequeña envuelta en papel regalo y una nota con instrucciones:

“Ábrelo justo después de arreglarte y póntelo, no te lo quites bajo ningún concepto .”

Durante el resto de la tarde el tiempo se me hizo eterno, los minutos parecían horas, por lo que decidí matar ese tiempo y eliminar los nervios empezando a arreglarme. El vestido me quedaba impresionante puesto, no es demasiado largo por lo que deja ver mis bonitas piernas; la espalda está totalmente descubierta, libre lo cual hace que me encante todavía más. Por delante va atado al cuello y deja entrever un escote que no sabia ni que tenía. Continué añadiendo al look un buen labial color rojo pasión para destacar mis labios todavía más.

Cinco minutos antes de la hora prevista de la quedada con Héctor, me dispuse a abrir el envoltorio de esa cajita pequeña que venía en el paquete. Cuando me percaté de que lo que tenía entre las manos era un juguete sexual, noté como mis mejillas se sonrojaron y mi temperatura corporal aumentaba.

Era un huevo vibrador a control remoto, no es que supiera mucho de estos complementos, pero tenía entendido que funcionaban con un mando, cosa que no lo había y me dio a entender el tipo de juego que llevaba entre manos Héctor. Me quedé sentada en la cama un par de minutos pensando en qué hacer, ya que nunca había utilizado nada por el estilo. De repente sonó el timbre, era él, ¿qué hago? – pensé.-

Finalmente decidí introducirlo y bajé corriendo, no quería hacerle esperar. Cuando lo vi el corazón me dio un vuelco, estaba guapísimo con ese pantalón azul marino que le quedaba tan bien y con una camisa blanca arremangada a medio antebrazo que resaltaba su musculatura. Me abalancé sobre él
intentando no descolocarme el vestido para no montar una escenita en medio de la calle. Mis labios se hundieron en los suyos y nuestras lenguas se entrelazaron de tal forma que nos invadió una sensación de adicción y de no querer que ese instante terminara. A medida que nuestros besos se hacían más apasionados, sus manos recorrían mi espalda, acariciándola como él sabía que más me gustaba.

Dejó sus manos quietas unos segundos y me susurró al oído si llevaba puesto el huevo vibrador, porque de ser así, me lo iba a quitar allí en medio de la calle mientras me daba a entender las ganas que tenía de desnudarme. Seguidamente me propuso subir a mi apartamento. En ese instante, me percaté de lo húmeda que estaba y lo mucho que lo deseaba.

Apenas llegamos al salón cuando me quitó la poca ropa que tenía mientras me apretaba con fuerza contra la pared. La presión que ejercía sobre mí mientras me besaba apasionadamente como si no hubiese un mañana hacía que su miembro creciese más y más haciendo imposible no notarlo, echaba también de menos esa sensación. Siguió recorriendo con sus labios cada centímetro de mi cuerpo haciendo estremecerme cada vez que se acercaba a mi intimidad pero sin llegar a tocarla siquiera, jugando con los tiempos aumentando así todavía más las ganas que teníamos el uno del otro.

Me abrió las piernas y me sacó el juguete a la vez que introdujo lentamente uno de sus dedos en mi vagina provocándome un gemido ahogado. Continuó tocándome lentamente pero esta vez con un dedo más, lo que me hizo gemir más fuerte, le deseaba tanto, le quería dentro de mí y la situación se convertía en una tortura al jugar tan lentamente aunque me ponía mil.

Cuando me quise dar cuenta, se bajó el pantalón y en cuestión segundos me dio la vuelta y se hundió en mí bruscamente. Me embistió una y otra vez con fuerza deleitándose del placer que me hacía sentir. Notaba su pene húmedo entrando y saliendo con facilidad, mientras me estimulaba el clítoris con sus dedos y me mordía el cuello. Estaba tan excitada que no era consciente de nada más que lo que estaba sucediendo, y cuando iba a alcanzar el clímax, paró, me dio otra vuelta, me cogió en brazos y me susurró: ”quiero ver como te corres”.

Acto seguido entramos a mi habitación, mientras me sujetaba con fuerza nos acostó en la cama quedándose él arriba y penetrándome con fuerza y sin descanso hasta que nos hundimos en un placer inmenso constante. El ritmo y las respiraciones aumentaron hasta el punto de conseguir llega al orgasmo al mismo tiempo sin darnos casi cuenta de ello.

Se nos hizo la hora de irnos cenar cuando terminábamos de vestirnos. Saliendo del apartamento me paró en la puerta y con el juguete que me acababa de regalar en sus manos recién lavado, me abrió las piernas y con mucha delicadeza me lo colocó.

Me llevó a cenar a un italiano que había abierto hace poco en el centro de la ciudad con unas vistas increíbles. Minutos antes de pedir el postre, empecé a notar que algo se movía de dentro de mí, lo que me hizo poner cara sorprendida mientras él estaba sonriendo.

– ¿De qué te ríes? – le dije- .

No entendí qué estaba pasando cuando me explicó que acababa de encender el juguete a través de una aplicación y me dijo que me relajase y disfrutase.

Al principio me sentí un tanto extraña hasta que me acostumbré a las vibraciones. Acto seguido la potencia aumentó considerablemente provocándome un pequeño gemido imposible de silenciar, lo que hizo que Héctor soltase una carcajada y me dijese que no lo iba a apagar hasta que tuviese un orgasmo. Sus palabras hicieron que me sonrojara. Poco a poco, notaba como me humedecía cada vez más por el morbo que me estaba causando la situación y la escenita en público.

Notaba las vibraciones por todo el cuerpo lo cual hizó estremecerme en  la silla. Al verme disfrutar así, cambió el modo de vibración provocándome el orgasmo casi de inmediato, aguanté un par de minutos más hasta que me cogió de la mano y el placer me invadió sin poder evitarlo. Acabé apretándole la mano con fuerza para intentar no soltar un grito en medio del local. No había tenido un orgasmo tan intenso en toda mi vida, ni mucho menos delante de tanta gente y en un restaurante. Cada vez que lo pienso, me muero de ganas de repetir.

Más tarde, cuando salimos del restaurante, fuimos a un bar cerca a tomar una copa para hablar de estas dos semanas que no habíamos tenido tanto contacto. A la madrugada de esta bonita velada volvimos a mi apartamento a
pasar la noche juntos, estábamos cansados pero supimos que no queríamos dormir.

Me tengo que duchar -le dije- .

Sin más dilación, me cogió en brazos y me llevó al baño donde me empezó a besar desenfrenadamente a la vez que me desnudó poco a poco, esta vez, le paré yo lo pies. Le desnudé lentamente entre beso y beso recorriendo su cuerpo, primero la camisa y por último el pantalón. Fui bajando poco a poco por su tonificado cuerpo hasta que encontré su miembro apretado contra los calzoncillos esperando a ser liberado. Así pues decidí introducirlo en mi boca succionando en primer lugar con mucha suavidad para luego ir aumentando la frecuencia hasta que no pudiera contenerse más. Recorrí su pene de arriba a abajo pasando la lengua lentamente, mientras miraba su cara de placer. Me detenía en el glande y lo recorría suave mientras subía y bajaba mis manos, cada vez con más fuerza.

Justo antes del momento cumbre, acabamos los dos en la ducha deseándonos como nunca nos habíamos deseado. Yo estaba entre sus brazos mientras que él me penetraba con fuerza contra la pared de la ducha, con nuestros cuerpos húmedos y el agua recorriendo nuestras pieles. Cada vez nos apretábamos más el uno contra el otro, le agarraba de las nalgas con fuerza mientras guiaba un poco los movimientos a la vez que él me tenía agarrada del pelo, sabía que me ponía.

Entre tanto placer y gemidos nos fundirnos en un mismo orgasmo. No dormimos esa noche, la pasión que había entre nosotros fue tan grande que no pudimos parar.

Amanecimos entre las sábanas y los rayos del sol que entraban por la ventana hacían relucir nuestros cuerpos desnudos.

Me susurró: “Voy a llamar al trabajo para tomarnos el día libre, no acepto un no por respuesta, ¿quieres jugar?”

Kamasutra de 50 Sombras de Grey
.

Kamasutra de 50 Sombras de Grey