Relato erótico – La cafetería

Relato Erótico – La Cafetería

Autor/a: M

La Cafetería

Llovía a cántaros. Aquella tarde el agua golpeaba con violencia los cristales de la cafetería. Yo llevaba quince minutos esperándole. Quince minutos nerviosa.

Hacía dos semanas que no nos veíamos. Dos semanas desde que estábamos cabreados. Es cierto que nos peleamos por tonterías, pero esta vez la discusión fue de tal magnitud, que estuvo durmiendo en el piso de su amigo Carlos.

Antes de que pudiera seguir pensando en ello, llegó. Estaba tal y como lo recordaba, pero a la vez distinto. Se quitó el gorro y pude admirar la rojez de su pelo, me sonrió, y el mundo se me vino encima. Vestía una chaqueta nueva, una de cuero y unos pitillos.

Me preguntó si podía sentarse mientras se desabrochaba la cazadora y se acomodaba en el asiento. Así fue como pude descubrir de nuevo la figura de su cuerpo. Lucía una camiseta blanca con el emblema de los Rolling Stones que apretaba sus brazos musculados. Marc no estaba obsesionado con el gimnasio, pero estaba lo suficientemente ejercitado como para ponerme cachonda con solo mirarle, incluso en esta situación.
Llevábamos varios minutos hablando cuando me pidió perdón. Yo, tras un largo suspiro y después de haberlo pensado mucho, accedí y le perdoné. No podía negarlo, quizá él era el amor de mi vida. Y aunque seguía un poco cabreada, teníamos que continuar.

Miraba fijamente las muecas de la mesa en la que nos encontrábamos cuando noté como me acariciaba con su mano derecha la mejilla. Levanté la vista y vi como sus ojos se fundían en mí. Conocía su mirada, me deseaba. Y yo a él también, era innegable. Llevábamos tres semanas sin sexo y se notaba.

Deslicé mi mano por debajo de la mesa hasta encontrar su paquete, que acaricié con fuerza para mostrar las ganas que tenía de él. Vi como el placer ardía en sus ojos. Noté como se sonrojaba. Como su miembro crecía. Seguí hasta que me paró.
Me susurró al oído y accedí. Avanzamos por el pasillo y abrimos la puerta del aseo. Me agarró del cuello y comenzamos a besarnos. Noté como deslizaba su lengua por mi boca a la vez que sus manos por mi blusa, desabrochando mis botones. Cerré con pestillo la puerta. Quería ir a más. No había acabado aún con mis botones cuando comenzó a bajar por mi cuello suavemente, besando y mordiendo justo como a mí me gustaba. Le ayudé quitándome el sujetador y comenzó a pasar su lengua por mis pezones. Primero uno, luego el otro.

Poco a poco bajó hasta mi falda, donde sus dedos se intercalaron entre mis piernas y rozaban mi intimidad. Mi pulso se aceleraba, yo quería más. Empujé su cabeza entre mis piernas. Marc apartó mis bragas, y comenzó a hacerlo como solo él sabía que me gustaba. Su lengua resbalaba entre mis ingles y mis labios mayores al ritmo de mi respiración acelerada. No podía creer lo que estábamos haciendo. Yo solo me rendí ante aquella situación y me dejé llevar. Le dejé recrearse y relamerme de arriba abajo, me encantaba como lo hacía. Y lo hizo hasta que no pude más, hasta que le pedí que por favor me follase.

Se levantó y solo dijo: “Vamos a mi casa, estoy solo.”

Kamasutra de 50 Sombras de Grey
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