Relato Erótico – ¿Nos tomamos unas birras?

Relato Erótico Finalista Concurso de Relatos 2020

Autora: @saritasarange

 
Éramos lujuria en estado ígneo. Siempre sabía donde tocar y cómo hacerlo, no era de extrañar ya que le había transmitido en varias ocasiones todo lo que tantos años me ha costado conocer por medio del autoerotismo. Casi sentía que le estaba regalando la obra de mi vida. 
 
-Ah, ¡no! Más despacio… Mira. – Agarré su mano y me metí los dedos índice y corazón en la boca, los chupé hasta que estuvieron encharcados de saliva y los guié hacia mi vagina. 
— Así… – Hice que los deslizase desde la entrada hasta mi clítoris, aquí le detuve en seco. Comencé a mover las caderas en círculos lentamente para que notase exactamente la presión y el ritmo que deseaba, había un punto justo en mitad de aquella placentera circunferencia que me hacía saltar como una trampa para ratas cada vez que lo acariciaba. Un impulso eléctrico que irrumpía en el sitio donde se fabrican los espasmos para volverme loca de placer. Dejé caer la cabeza hacia atrás y le solté la mano para recostarme sobre mis codos.
-Sí, así… Joder… – Sus movimientos se volvían cada vez más decididos y expertos, en sus ojos relucía un destello triunfal.
-¡Métemelos! – El anhelo de sentirle dentro de mí crecía, pero brillaban las ansias de conocer más en su semblante y quería complacerlo, por supuesto también quería que siguiese tocándome.
Me introdujo ambos dedos firme pero delicadamente, mi cuerpo reaccionó contrayéndose a la vez que la masa de aire que habitaba mis pulmones abandonó mi cuerpo. Cogí su mano y la situé a lo alto de mis clavículas, me acarició el cuello con las llemas de los dedos durante apenas unos segundos antes de estrangularme con dureza…
 
-Noe, cariño, ¿qué piensas? – La voz de mi madre me sacó de mi ensoñación.
-En nada… – Cambié mi expresión de orangután con babeo crónico y sonreí ampliamente. Bonita forma de decir “Estaba echando un vistazo a mis recuerdos sexuales” al menos, menos vergonzosa. 
Estaba sentada frente a la tele comiendo yogur con fresas, al parecer me había quedado congelada con la cuchara a medio camino, entre el cuenco y mi boca. 
Me levanté del sofá fui a la cocina y puse en el fregadero los cacharros sucios, cogí mi teléfono y abrí whatsapp.
 
“Hey! Qué tal vas?” 15:31h.
“Te echo de menos.” 15:32h. 
“Podríamos vernos hoy si no tienes planes” 15:34h. 
 
Era Jordi… Joder. ¡Claro que sí! Osea, claro que no tengo planes. Llevaba dos días yendo de la cama al sofá y del sofá a la cama, me sentía asquerosa, pero enseguida pensé que no era nada que no pudiese arreglar una buena ducha. Levanté de nuevo el teléfono para responder. 
 
“Hey! Muy bien, algo aburrida, llevo desde ayer descubriendo el maravilloso mundo del canal Historia.” 15:37h.
“Mi padre libra este fin de semana y se ha descargado todo lo relacionado con alienígenas” 15:37h.
“Voy a la ducha, tú dirás como quedamos. 😊” 15:38h. 
 
Se me trababan los pensamientos de camino al cuarto de baño, decidí que me iba a poner un vestido, total ya empezaba a hacer calor. “Mierda.” No tenía medias en buen estado para ponerme… Busqué entre los últimos cajones y encontré unas medias de rejilla con unos cuantos agujeros en las piernas. “Bueno, estas aún tienen una puestecita más…”. Las ojeé una vez más antes de comenzar a desenrollarlas, me costó unos minutos pero al fin conseguí dejarlas de lo que me parecía, el lado correcto, aunque tampoco apostaría por ello.
Me di una ducha rápida, al salir me recogí el pelo con una toalla y me vestí, cogí el teléfono de nuevo a ver si habían noticias. 
 
“¿Nos vemos a las cinco en el Eagle? Me apetecen unas birras.” 16:00h
 
Le respondí con un sticker que decía “Amoh a dlogalnoh” y aparecían dos asiáticos brindando con cerveza, bloqueé el móvil y me puse a secarme el pelo. En mi mente se componían escenas que se podían desarrollar durante la tarde, cada una más tórrida que la anterior, y aquello hacía encenderse aún más mi libido. 
 
Salí de casa como un torbellino, cogí el coche y crucé la ciudad mientras me fumaba un cigarro e intentaba ignorar el hecho de que simplemente recordar un beso suyo me hacía sentir escarcha en la espina dorsal. Él era un licor dulce, el que peor te deja la cabeza por cierto,  y yo estaba borracha.
A pesar de que me costó aparcar, llegué al Pub 10 minutos antes de lo acordado, me acerqué al camarero, pedí una cerveza  y me senté en la mesa del fondo, la que tiene el cuadro de Los Beatles. Los minutos parecían horas allí sentada, había consumido la mitad de mi jarra y comenzaba a desesperarme. “Joder, ¿dónde coño está?” pensaba casi sistemáticamente cada pocos minutos. Cogí el móvil y le mandé un audio. 
– Hey, si llegas y no estoy es que sigo en el aseo, no tardo. – Guardé el teléfono en la mochila y me dirigí al cuarto de baño.
El Pub había cambiado de dueño y ahora parecía que se dejaban algo de dinero en jabón de manos y en el servicio de limpieza en general. Escuché la puerta abrirse tras de mí y como una aparición de las que solía hacer en mis sueños, me abrazó por la espalda mientras me lavaba las manos y depositó un beso sobre la caída de mi hombro, luego otro en mi cuello y por último, cuando me hube girado, nos besamos ferozmente como si quisiésemos arrancarnos los labios. Cogió mi culo tan fuerte que sentía que los pies se me levantaban del suelo, empujó mi cuerpo hasta uno de los dos retretes que habían en el baño, bajó la tapa y cerró la puerta. 
– Esperaba que siguieses en el baño cuando llegase… Joder. Estás súper sexy nena. – Sus ojos me escrutaban de arriba a abajo sin pudor alguno, ávido de sexo. 
– Parece que has tenido suerte, aunque ya me iba… – Sonreí maliciosamente mientras con mi mano buscaba su entrepierna.
– ¿Estás segura de eso? – Agarró mi mano antes de llegar a su programado destino, también la otra, las sujetó con una de las suyas por encima de mi cabeza pegándolas a la pared y su boca alcanzó mi cuello, yo respondía entre suaves jadeos a sus estímulos. 
– No… Ahora mismo quiero follarte, que me folles, como sea, te quiero dentro de mí. – Alcé una pierna hasta apoyar el pie en la tapa del váter, mi coño buscaba su erección y me complació… Presionó el bulto de sus pantalones contra mí, me retorcí, en dirección opuesta a la pared y me zafé de su mano. Una vez liberada dirigí las manos a mi entrepierna, cogí las medias y las rajé un poco justo a la altura de mi entrada. Él genuflexionó hasta quedarse a la altura perfecta para darme placer con su boca, hizo todavía más grande el agujero que yo había iniciado y con los dedos movió el tanga a un lado. 
– Mmmmhhh… Joder, que bien sabes. – Lamía mi sexo con desenfreno, disfrutando de cada milímetro de piel esponjosa. En cuestión de unos minutos comenzó a hacer algo con la lengua y sus labios que me provocaba calambres en las piernas, parecía que me iba a desplomar en cualquier momento. 
– Oh… Dios… Me voy a… Aah… – No pude acabar la frase, me corrí agarrando su pelo, hundiéndole más en mi carne, tanto, que creí que acabaría asfixiándole. Cuando pude relajarme devolvió mi tanga a su posición original y me dio una palmada en el culo.
– Si, señor. Esta es mi chica. – Me besó profundamente y saboreé en su boca mi flujo, restos de mi placer esparcidos hasta su barbilla.
De repenté la puerta del cuarto de baño se abrió dándonos un sobresalto. Nos quedamos allí callados hasta que la persona que había entrado se fue y entonces Jordi escapó como un ninja hacia el lavabo de hombres para lavarse la cara. Yo en cambio me quedé partiéndome la bola mientras miraba mi reflejo sonrojado en el espejo. 
 
Cuando llegué a la mesa de nuevo la cerveza estaba caliente, pero, pensándolo fríamente, no lo estaba más que yo. Di un trago a la jarra y la acerqué a la barra para que me sirviesen otra. Pasarían algunas horas hasta que saliésemos de aquel antro… 
Jugamos una partida al billar, por cierto sufrí una pésima y aplastante derrota. Pedimos un par de rondas más y nos comenzamos a poner tremendamente empalagosos. Nos besábamos intensamente acariciando nuestras lenguas, funcionábamos a cámara lenta, cada vez más pegados, y yo, cada vez más húmeda. 
 
-Vámonos de aquí… – Propuse finalmente con un hilo de voz muy cerca de su oído. 
-Creía que no me lo pedirías nunca… – Me dedicó una traviesa sonrisa e hizo precipitar un beso directo a la comisura de mis labios. 
 
Casi había oscurecido, la luz del crepúsculo incidía solemnemente sobre todas las figuras que se nos presentaban de camino al coche. Hasta los gatos callejeros tenían mejor aspecto bajo ese manto de luz celestial. Me acorraló junto a la puerta del piloto cuando al fin llegamos y atrapó un pedazo de carne de mi cuello con los dientes, yo me estremecí e ignoré que un grito salió despedido de mi garganta, dejó pasar paulatinamente la lengua entre sus dientes y succionó esa misma zona con fuerza antes de soltarla emitiendo un sonido como de descorche. 
 
-¿Me dejas conducir? – La curva de su sonrisa se ampliaba a medida que iba volviendo en mí y dibujando una expresión de incredulidad.
-Claro… ¡Que no! Sube al coche anda… – Entre risotadas ambos nos acomodamos en el interior y arranqué para poner rumbo a cualquier otra parte. 
Recordé un sitio en el que había estado con unos amigos hacía unos meses, era un monte a las afueras de la ciudad con algunas zonas llanas donde se podía acceder con vehículo, una zona natural cerca de la urbe pero muy poco transitada. Inicié la ruta mientras él se encargaba de buscar en sus playlist el tema con el que comenzaríamos el viaje. 
 
-¡Dios, que puto temazo! ¡Déjala! – Mis ojos se abrieron hasta casi salirse de sus órbitas al reconocer el inicio de la canción, El Último Ke Zierre, concretamente “Fornicare est pecatum” no podía haber sonado en un momento más propicio.
Detuve el coche en la parte alta de la montaña y observamos cantando como el sol de aquél día abandonaba nuestro horizonte. Nos encendimos un cigarro y tranquilamente nos lo fumamos mientras se sucedían las canciones. Cuando al fin nos arropó la noche puse mi mano sobre sus pantalones vaqueros y acaricié su entrepierna con mis dedos, noté como su erección crecía bajo mi mano, nos enmarañamos, la naturaleza de esos besos denotaba puro deseo sexual. Salté sobre él al tiempo que echaba el asiento hacia atrás y me acomodé sobre su miembro rozándolo con el vértice que unía mis piernas. Sólo nos separaban unos milímetros de tela. 
 
-Te quiero dar encima del capó. – Le miré incrédula y me eché a reír. 
-Jajajaja ¿Pero qué dices? – Me hizo una especie de mueca triste y ahí comprendí que iba enserio. Sopesé rápidamente los pros y contras de aquella intrépida aventura mientras sentía la calidez de su boca alimentándose de mis pezones, se había encargado de bajarme el cuello del vestido y dejar mis tetas fuera de él  para poder hacerlo. 
Alcancé el tirador de la puerta y abrí para poder salir a fuera, le tendí una mano y  sonreí maliciosamente mientras la otra mano agarraba su paquete aún ceñido en los pantalones vaqueros. 
 
-Vamos nene… – Me mordí el labio con picardía hasta que llegué a la parte delantera del coche, me senté sobre el capó separando las piernas y me aparté el empapadísimo tanga con los dedos.
-Dios nena espero que hayas puesto el freno de mano… – Se bajó los pantalones hasta los tobillos y se acercó más a mí, le bajé los calzoncillos y cogí sus testículos con suavidad, transporté un poco de saliva hasta su pene y lo lubriqué  haciendo pequeños masajes en círculos sobre su glande, la tenía durísima, no quería esperar más. Acomodé su polla en la entrada de mi vagina y cogí su culo con firmeza para acercarlo más a mí. 
 
-¡Fóllame, joder! – Me embistió con fuerza y mi  cabeza cayó hacia atrás como si me hubiese dado un puñetazo. Continuó haciéndolo duramente unos minutos mientras yo intentaba encontrar una posición en la que mis piernas no acabasen estorbándome. 
Colocó sus brazos bajo mis rodillas levantándomelas hacia arriba, atrajo mi culo hacia fuera y quedé tendida completamente sobre el capó, como un niño al que le cambian el pañal. No dejó de arremeter contra mí ni un segundo, marcaba un ritmo rápido y frenético, envié a la mano que no estaba ocupada sujetando el tanga en busca de mi clítoris y lo acaricié haciendo círculos al ritmo de sus penetraciones. 
– Joder… Dios… – Los gemidos de ambos cada vez eran más audibles y el eco nos los devolvía a menor escala. 
– Ah… Si sigues así me corro… – Mi voz sonaba quebrada, sin apenas fuerza. 
– Pues de eso nada, aún no… – Dejó caer mis piernas y yo levanté el cuerpo a su vez. Me dio la vuelta y un fuerte azote en el culo, me movió el tanga a un lado y lo sujetó con el dedo pulgar apoyándose en mi nalga. Comenzó a frotar su miembro por todo mi sexo, desde la entrada hasta el clítoris, repitió un par de veces más los movimientos y volvió a ensartarme. 
– Diooos, tu polla… Joder… – Gemía como  poseída, loca de placer con cada acometida. Dejé caer mi cuerpo hacia delante, mi mano volvió a encontrar mi clítoris pero esta vez solo lo sujetaba con firmeza ejerciendo presión. Corrientes eléctricas azotaban mi cerebro, directamente conectado con aquella puta fantasía. El relente de la noche me erizaba la piel y el olor de los naranjos me atacaba el olfato, mis piernas flojeaban de vez en cuando y mi espalda se arqueaba cada vez más tensa… De repente comenzó la carrera ascendente hacia el orgasmo, ahora gritaba con más fuerza y mi coño se contraía cada vez más hasta que me corrí. Mi cuerpo tomó el control y se convulsionó repetidas veces haciendo que sonase la metálica chapa azul, él notó que me azotaba el placer y aceleró el ritmo llegando al límite de lo soportable.
– Joder Noe… Me voy a correr… – Giré la cabeza y me levanté rápidamente zafándome de él. Le cogí el pene con la mano y me lo metí en la boca hasta lo más profundo de mi garganta. Masajeaba todo su miembro al ritmo que entraba y salía de mi boca, cada vez más impregnado en mi saliva. Sus piernas comenzaron a temblar con una tensión conocida para mí, su polla parecía que iba a explotar y entonces me confirmó lo evidente. 
– ¡Me corro! Dios, sí, ahí va… – Detuve el movimiento dejándolo a mitad de camino y sentí como un disparo tras otro llenaba mi boca de semen. Me lo tragué y lamí la última gota rezagada que asomaba tímidamente en su capullo. 
– Joder tía, qué bien la chupas. – Se agachó hasta donde se encontraba mi cara mientras me relamía y me besó con pasión antes de subirse los pantalones. 
– Muchas gracias… Con todos ustedes, ¡la reina de la mamada! – Puse voz de emperador romano anunciando los juegos  mientras mi cara brillaba por la satisfacción del trabajo bien hecho a parte de la satisfacción sexual, obviamente. 
Ambos nos echamos a reír y volvimos al interior del coche donde nos esperaban un par de pitillos y el spotify que había avanzado media lista mientras no estábamos. 
– Ufff… Que bien sienta esto… – Por fin habíamos recobrado el aliento y la compostura cuando un coche comenzó a acercarse y decidimos irnos de allí. 
Emprendimos el camino de vuelta a casa con los faros del coche como única fuente de luz mientras conversábamos fluidamente sobre los temas más absurdos. Su mano buscaba el interior de mis muslos y me acariciaba tiernamente mientras conducía por la ciudad hasta llegar a su casa. 
-Buenas noches beibi. – Le acaricié la cara mientras me acercaba lentamente para fundirnos en un suculento último beso. 

Kamasutra de 50 Sombras de Grey
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Kamasutra de 50 Sombras de Grey